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Opinión

Talento sin Recursos

Se llama José Díaz Santa Cruz, vive en Jaimanitas y tiene 50 años. Su padre murió temprano, y eso lo lastró a tal extremo que se refugió en la pintura a manera de catarsis, que luego devino pasión.

La muerte del padre ocurrió de manera espantosa. Se envenenaron con alcohol de madera casi todos los que vivían en su casa, excepto él y su madre. La casa quedó vacía, de repente, y el niño la  fue llenando de cuadros intimistas,  donde resaltaban los tonos grises, que parecían irradiar dolor.

La madre lo crió dentro de una escasez agobiante. Cuando cumplió veinte empezó a beber y pintar comercialmente. Paisajes, marinas, bodegas, carnicerías, hasta el puesto de viandas de la esquina, y así buscaba dinero para que no faltara el ron. Fue la época en que pintó aquella aguja de abanico saltando del agua, que simboliza hoy a Jaimanitas. Aparece a la entrada del pueblo,  sobre la pared exterior de un edificio de dos plantas situado en Quinta Avenida y la calle 232.

Esa aguja le granjeó  popularidad, y por ser un poblado  de pescadores muchas fachadas se pintaron con sus obras, reportándole  buenos dividendos para aumentar su cultura etílica. Incluso incursionó con la brocha gorda cuando se le acabaron las ofertas. Conocedor del principio de la disolución, lograba excelentes tonos con pinturas de pésima calidad.

La falta de recursos para comprar tubos de óleos, telas, pinceles, madera para enmarcar los cuadros  y mantener un trabajo artístico serio, lo alejaron completamente del arte. Los pintores que pueden viajar al exterior y exponer cuentan con recursos y mecenas. Pero José, cuando gana diez dólares los invierte en bebida, pues no tiene voluntad para dejar de beber.

Hace poco dejó de empinar el codo por unos días y pintó dos excelentes cuadros: La partición del mundo y  Dios barriendo la calle. El primero representa dos manos desgarrando el cielo, y una cara que se asoma a mirar la tierra con rabia. El segundo, un santo con una escoba en forma de uñas   que arrastraban la basura de la calle.

Pero el periodo de abstinencia pasó rápido. Sobre las telas que exhibían aquellos jeroglíficos en que se ha convertido el Universo pintó agujas, que ya tiene vendidas para seguir la farra.  

beilycorrea@yahoo.es

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