Un funcionario cubano murió y fue a recoger su boleto para el infierno.
Cuando llegó su turno, el diablillo encargado de impartir penitencias le comunicó que le tocaba el infierno socialista, acostado eternamente sobre una tabla repleta de clavos, debía soportar una y otra vez que una aplanadora le pasase por encima.
El hombre se horrorizó, intentó [...]